De huracanes a recortes fiscales: la burguesía pone sus manos a la obra

15 septiembre 2017

Mientras aún se registran los daños dejados por los huracanes Harvey e Irma, la élite política estadounidense ha pasado apresuradamente a su prioridad: el abono de una enorme regalía para la élite corporativa y financiera.

El martes, el saldo de muertos del huracán Irma alcanzó las 12 víctimas, además de las 37 que fallecieron en el caribe y al menos 71 en Texas por el huracán Harvey. Para dicho día, dos terceras partes de Florida, o alrededor de siete millones de hogares, no tenían electricidad y muchos no la tendrán por semanas—el producto de décadas de negligencia hacia la infraestructura social—.

En los cayos de Florida, golpeados mientras Irma aún era un huracán de categoría cuatro, el 25 por ciento de los hogares fue destruido completamente, mientras que otro 65 por ciento se vio severamente dañado. Miami, Jacksonville y otras ciudades del estado sufrieron inundaciones récord. La mayoría de los trabajadores de Florida y Texas no tienen seguros para inundaciones y tendrán que reconstruir sus casas con una asistencia gubernamental raquítica, principalmente en forma de préstamos.

AccuWeather predice que el costo combinado de ambas tormentas podría alcanzar los $290 000 millones, o el 1,5 por ciento de todos los bienes y servicios provistos en EUA en un año. Estos huracanes van a tener un impacto significativo en la economía estadounidense, haciendo desaparecer todo el crecimiento anticipado entre agosto y el final del año.

Sin embargo, a través de toda la destrucción, los mercados financieros disfrutaron un alza, principalmente el lunes y martes. Es evidente que la clase gobernante ya está saboreando la enorme reducción en los impuestos a las corporaciones y los ricos que anticipa.

El fin de semana pasado, mientras Irma tocaba tierra en Florida, Trump aprovechó la ocasión para promocionar sus “dramáticos recortes de impuestos y reforma fiscal”. Con respecto a “lo que ha pasado con el huracán”, declaró, “voy a pedir que se apresuren”. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, un exbanquero de Goldman Sachs y exadministrador de fondos de inversión libre, cuyo patrimonio neto es de $300 millones, indicó el martes que la Casa Blanca está “súper concentrada” en los recortes fiscales y que la Administración está considerando anticiparlos para el primero de enero y así darle un “gran empujón a la economía”—es decir, a Wall Street—.

La respuesta de la élite política ha sido generalmente de entusiasmo. El martes por la noche Trump recibió a senadores demócratas y republicanos a una cena para discutir la “reforma fiscal”. Los demócratas presentes incluyeron a Joe Donnelly (de Indiana), Joe Manchin (West Virginia) y Heidi Heitkamp (Dakota del Norte). La semana anterior, Heitkamp viajó con Trump en el Air Force One a Dakota del Norte, para promocionar la reducción de los impuestos a las corporaciones y los ricos.

Después de presentar la incompetencia criminal en la respuesta oficial a los huracanes como un modelo de buena gobernanza, la prensa le ha estado siguiendo el juego. El New York Times, la voz mediática de la cúpula del Partido Demócrata, le dedicó toda su sección editorial del martes a una carta titulada “¿Quiere hacer un trato, Sr. Trump?”.

El diario se refiere al acuerdo entre demócratas y el Gobierno de Trump de la semana anterior, sobre un proyecto de ley que dispone de una cantidad irrisoria de fondos de alivio para las víctimas del huracán Harvey, mientras adjunta una extensión de tres meses del techo de la deuda y del financiamiento gubernamental. A pesar de que no prevén un acuerdo más amplio pronto, los editores estiman “tentador… lo que podría lograr el Sr. Trump si pudiera ver más allá de victorias momentáneas y tácticas”.

La mayor propuesta que hace el Times concierne la “reforma fiscal”. El editorial sugiere un “recorte modesto a los impuestos corporativos”, una descripción reservada para la demanda—reiterada por los presupuestos de la Casa Blanca bajo Obama—de bajar los impuestos corporativos en casi un tercio, de 35 a 25 por ciento.

Al igual que el Gobierno de Trump, el Times maquilla esta propuesta con la retórica tradicional de rescatar a la “clase media”; no obstante, el objetivo principal de ambos es realizar una copiosa transferencia de riqueza a la burguesía.

La determinación de los demócratas para alcanzar un trato con Trump no es nueva. Desde su elección, la primera respuesta fue que “trabajarían” con su Administración (una promesa hecha por todos, de Hillary Clinton a Bernie Sanders y Elizabeth Warren). Fue Obama el que describió las elecciones como “un juego amistoso interno” en el que todos estuvieron en “el mismo equipo”.

En los casi ocho meses desde la investidura de Trump, las críticas de los demócratas no se han enfocado en las políticas reaccionarias del mandatario y su gabinete de multimillonarios, sino en cuestiones de política exterior. Después de que Trump elogiara a los neonazis que se amotinaron en Charlottesville, los demócratas elogiaron la reestructuración subsecuente de su Gobierno, la que lo colocó más firmemente en manos de sus generales militares, ante todo su nuevo jefe de personal, el exgeneral John Kelly. Cabe notar que el editorial del Times omite completamente la política exterior, pese a que el mundo se tambalea sobre la orilla de una catastrófica guerra nuclear.

Las divisiones dentro de la clase gobernante persisten. Sin embargo, si hay algo en lo que los grupos de poder concuerdan es que los daños ocasionados por los huracanes—además de la crisis económica y social estadounidense de la cual forman parte—no serán costeados por aquellos responsables: la élite corporativa y financiera. En cambio, las décadas de saquear a la clase obrera deben continuar y la enorme burbuja bursátil tiene que seguir siendo inflada con nuevo efectivo.

Más allá de sus consideraciones financieras e inmediatas para apuntalar al Gobierno de Trump, los demócratas tienen un interés estratégico. Su principal preocupación siempre ha sido que la enorme hostilidad popular hacia Trump se transforme en levantamientos sociales en los que la clase obrera llegue a avanzar su propio programa. Es por esto que promueven toda una serie de distracciones, como la campaña antirrusa o su insistencia en que EUA está irreparablemente fragmentado por resentimientos raciales.

Las inundaciones ni siquiera han residido y la burguesía ya está exigiéndoles a los trabajadores que paguen por los desastres creados por el capitalismo. Como respuesta, la clase obrera tiene que llamar con tal intransigencia y determinación que la riqueza de los superricos se redistribuya para que las vidas arruinadas por las inundaciones de todos los trabajadores afectados sean reconstruidas. La mayoría de las corporaciones y los bancos han de ser convertidos en utilidades públicas y la economía reorganizada con base en una planificación racional y científica. Esto permitirá la provisión de viviendas seguras, el desarrollo de infraestructura y un control avanzado de inundaciones para asegurar que desastres como los vividos no vuelvan a suceder jamás.

La respuesta de la élite política a los huracanes Harvey e Irma confirma el análisis hecho por el WSWS en junio: “la lucha de la clase obrera contra Trump y todo lo que él representa volverá cada vez más urgente la construcción de un movimiento político de masas, independiente de y hostil hacia los republicanos y los demócratas, contra el sistema capitalista y su Estado”. La construcción de una dirección que guíe este movimiento, el Partido Socialista por la Igualdad, es la tarea fundamental.

Joseph Kishore